2143_detallLa revista F. (La Revista del Foment)  incluye en su última edición  un artículo con el título “Internet global como una nueva galaxia” que me pidió su director, el escritor Valentí Puig.  El encargo era, partiendo de como es la Internet actual, hacer una breve reflexión de hacia donde va con la llegada del Cognitive Computing (aunque sin mencionar explicitamente la computación cognitiva por no confundir al lector con nuevas etiquetas).  El artículo lo pueden encontrar en las páginas 28 y 29 de este PDF de la revista (accesible desde la web de Foment del Treball) Espero que les guste. La versión en catalán se encuentra en este PDF.

Mi agradecimiento a Valentí Puig y a Foment del Treball por ayudar a divulgar la tecnología, esta vez entre los empresarios, que sin duda sus decisiones juegan un papel muy importante sobre nuestro futuro. El futuro, nos guste o no, estará marcado por la tecnología, no lo duden.

 

 

Internet global como una nueva galaxia

INTERNET GLOBAL MEJORARÁ NUESTRAS VIDAS, PERO HAY CONTRAPARTIDAS QUE DEBEMOS CONSIDERAR, Y LA PRIMERA DE ELLAS ES QUE, MEDIANTE ALGORITMOS, SE PODRÁ CONTROLAR LO QUE ESTAMOS A PUNTO DE HACER

En el marco de los cambios tecnológicos que estamos viviendo en pleno siglo XXI, la nube, ese espacio impreciso del que todo el mundo habla, se ha convertido en el centro neurálgico de una nueva red global de Internet que conecta a millones de personas. Es lo que, por ejemplo, está detrás de servicios como Facebook o Gmail, tan populares hoy en día y que tanto cambian ya nuestro modo de relacionarnos. Pero sobre todo también hablamos de una nueva fuerza que indudablemente cambiará nuestras empresas y las conducirá hacia el espacio digital tan inmenso que conforma la vasta red de Internet, que ya no tiene nada que ver con lo que era en sus orígenes.

Puede hacerse un símil con la electricidad. Hace un siglo, las empresas generaban su propia electricidad para ellas mismas. Pero poco a poco aparecieron unos productores externos que ofrecían el servicio de una forma más barata, segura. Y, sobre todo, se pagaba solo por lo que se gastaba, por lo que se evitaban inversiones para crear las infraestructuras de generación de energía. A partir de ese momento, para una empresa comenzó a ser más conveniente conectarse a la red para obtener energía que generársela ella misma y, además, así podían centrar los esfuerzos en lo que era su negocio.

Podríamos afirmar que la nube — computación en la nube o cloud computing en términos técnicos— se puede ver como una oportunidad para que las empresas puedan disponer de los recursos informáticos necesarios sin tener que abastecérselos internamente mediante una simple conexión a la red de Internet. Los que ofrecen este servicio en el otro lado de Internet son inmensas granjas de ordenadores del tamaño de cinco o seis veces el campo del Barça, con cientos de miles de ordenadores. Es un nuevo paradigma de computación y almacenamiento que convierte la informática en un servicio más, como puede ser la electricidad, el agua o el gas. De este modo, ahora las empresas tienen a su disposición una gran oferta de servicios que permiten mejorar sus procesos productivos y de innovación.

La nube de Internet global también nos permite acceder a un inmenso universo digital desde cualquier lugar donde haya conectividad y, sobre todo, desde cualquier dispositivo. En realidad, la frontera entre el mundo real y el mundo virtual se va difuminando. De hecho, la evolución de este paradigma no se detiene y ya empiezan a aparecer nuevos dispositivos que no solo interaccionan con nosotros, sino que también lo hacen directamente entre sí. Internet global ya pone en contacto, además de a los millones de personas que la usamos, a miles de millones de dispositivos de todo tipo, con capacidad de comunicarse en cualquier momento y en cualquier lugar.

Estamos en el umbral de una nueva era en la que Internet global ya empieza a ser bastante sutil para las personas que interactuamos pero aún no somos del todo conscientes de que ya condiciona nuestro modo de trabajar y vivir. Y aumentará, porque Internet global crece día a día con una progresión de efecto multiplicador y en un futuro próximo será imposible vivir desvinculados de ella. Y esto sucede porque la informática es todavía una disciplina muy joven si la comparamos con el resto de ingenierías. Es decir: le queda mucho recorrido para generar nuevas dinámicas. Sus orígenes se remontan no más allá de la mitad del siglo pasado y cada quince años aproximadamente se ha producido una revolución tecnológica que lo ha cambiado todo. A mediados de los años sesenta la informática cruzó el ámbito de la investigación para entrar progresivamente en el área de las grandes empresas en forma de gran ordenador compartido por los trabajadores de la empresa —llamados mainframes—. Fue hacia el año 80 cuando llegó lo que se conocía como PC —personal computer— u ordenadores personales: esta fase permitió que la informática estuviera al alcance de pequeñas y medianas empresas, e incluso de particulares. Pero a mediados de los años noventa llegó a las empresas y a toda la sociedad en general una nueva infraestructura llamada Internet que conectó todos los ordenadores. Es así como vuelve a producirse una verdadera mutación en nuestra forma de trabajar.

Cuando entramos en el siglo XXI aparece en torno a la nube una nueva revolución tecnológica que transforma Internet global, basada básicamente en el procesamiento de números, en una nueva Internet global que permite que los textos y la multimedia sean también computables y accesibles digitalmente para todos desde cualquier dispositivo y en cualquier momento. Y, muy pronto, según el incesante trabajo en los laboratorios de investigación, Internet global permitirá también hacer el contexto computable. Contexto computable significa que incorporará capacidades predictivas, que incluirán la correcta funcionalidad y el contenido en el momento adecuado, a la persona idónea, aprendiendo continuamente sobre dicha persona y realizando la previsión de lo que pueda necesitar. Es un objetivo que requiere poder tratar situaciones complejas caracterizadas por la ambigüedad y la incertidumbre. Esto se está intentando conseguir por medio de métodos de inteligencia artificial capaces de proporcionar una Internet global más capacitada para entender la información e incluso aprender a partir de sensores de todo tipo del mundo real y lograr, por ejemplo, conducir un coche sin conductor. Estos nuevos sistemas permitirán a las empresas aumentar la capacidad de razonamiento a fin de poder tomar decisiones mejor informadas en situaciones complejas que por su naturaleza son ambiguas e inciertas.

Internet global mejorará nuestras vidas, pero no sin resultados problemáticos: el primero de ellos es que se podrá controlar, mediante algoritmos, lo que estamos a punto de hacer. Ahora la privacidad es un tema fundamental en el debate actual, pero pronto pasará a un segundo plano cuando la apuesta sea preservar la capacidad de libre elección. En el mundo empresarial, Internet global representa un reto para los empleados de cuello blanco del siglo XXI, que trabajan con información y conocimiento, de la misma forma que la automatización de las fábricas en el siglo XX supuso un desafío para los trabajadores de mono azul en las cadenas de montaje. En una sociedad global, ello urge todavía más a plantear un debate colectivo sobre las consecuencias que tendrá la Internet global y que sin duda representa una transformación a fondo de la actual forma de vivir, trabajar y pensar.

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2017-08-09T12:23:30+00:00 March 24th, 2015|