En la edición anual del World Economic Forum de Davos se ha insistido en que estamos ante la cuarta revolución industrial, marcada por avances tecnológicos como la inteligencia artificial  o el machine learning, y en la que los ordenadores serán todavía más sabios.

Esto presenta profundas implicaciones en nuestra sociedad tal como la conocemos; consecuencia de ello se está empezando a generar un vivo debate sobre las repercusiones que tendrá la presente revolución, polarizando la opinión pública en bandos opuestos: los optimistas y los pesimistas, los utopistas y los excesivamente pragmáticos.

En cualquier caso, todos coincidimos en que el mercado laboral cambiará profundamente en los próximos años; en esta línea, el informe titulado The Future of Jobs del World Economic Forum estima que dos de cada tres niños que están empezando actualmente estudios primarios tendrán trabajos muy diferentes a los nuestros, y, a la vez, desaparecerán muchísimos de los perfiles laborales que hoy conocemos.  En definitiva, se apunta cómo este nuevo estadio representa un gran desafío a los trabajadores de cuello blanco de la sociedad del conocimiento, que hasta ahora parecían intocables, de la misma manera que la automatización de las fábricas en el siglo XX fue una revolución para los trabajadores de mono azul en las cadenas de montaje.

Actualmente, algunos de los perfiles profesionales que se salvan en esta cuarta revolución son los ingenieros e ingenieras informáticos, que presenciarán un escenario muy afortunado en los años venideros. Es un efecto curioso el que se está produciendo: como empleador de este perfil de profesionales que también soy, veo cómo las entrevistas de contratación en el sector también han cambiado. A menudo se trata de conseguir seducir al candidato contando las excelencias de la empresa, a fin de que la elijan de entre las varias opciones que disponen.

Pero nada es eterno, y como todo va muy rápido, me atrevo a augurar que esta misma tecnología de la que estamos hablando provocará que en un futuro no muy lejano se necesiten muchas menos manos para programar, y menos cabezas para pensar algoritmos. En definitiva, las máquinas más inteligentes irán desplazando gradualmente a este selecto grupo de profesionales, con la paradoja de que los “culpables” de ello seamos, a su vez, las propias víctimas.

2017-08-09T12:13:09+00:00 March 1st, 2016|